
Les llamamos discapacitados. Y este es el término políticamente correcto, desde hace unos años.
He tenido la suerte de trabajar en un Centro Especial de Empleo y en una Fundación que se ocupa de su integración. En ese tiempo aprendí muchas cosas, y, sobre todo, me hice mejor persona. Pero algo más. Me di cuenta que las personas con discapacidad, los subnormales, los tullidos, os tontiños... somos todos. No hay diferencias entre unos y otros. ¿Qué necesidades físicas requiere un trabajo de oficina? ¿Qué necesidades psíquicas necesitan la mayor parte de trabajos? ¿Qué empleador no contrataría a una persona preparada, con una buena actitud, y que, además, le sale un 33% más barato?
Un amigo me señaló hace un par de años un término mucho más correcto: diversidad funcional. Y en esa categoría estamos todos.
El jueves y el viernes 26 y 27 de noviembre moderaré el primer congreso de Centros Especiales de Empleo. Se celebrará en el Hotel Husa Odeón, en Narón. Es gratuito y tiene un crédito de libre configuración. Más información en su página de la UNED.
Reseña en La Voz de Galicia.
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