Te dejaste la vida en la carretera, como tantos otros, como demasiados.
Saliste del coche tal y como eras, jurando en arameo pero dando tu nombre, el de tus padres y el número de teléfono. No pudieron hacer nada por ti porque estabas roto por dentro.
He tenido el placer y el privilegio de ser tu compañero. Cuando necesitábamos a alguien para sacar un trabajo adelante siempre hemos sabido que podíamos contar contigo.
Muchas veces la vida es injusta. O demasiado dura. Unos padres que entierran a un hijo, esto no es ley de vida. Eras un buen hijo y un buen tío.
En momentos como este me gustaría pensar que hay algo más. Que en una vida posterior tendrás la suerte que en esta no tuviste. Enfermedad, discapacidad... y a pesar de todo siempre con ganas de hablar y de estar con los compañeros.
Un recuerdo muy emocionado de tus compañeros de Fuertes Servicios.
Gracias por venir.
Miguel García
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario